María Fornet nos cuenta las claves para una mente sana

Hemos charlado con María Fornet, psicóloga, emprendedora, feminista y coach. Asegura que su misión es “ayudar a que uno se entienda mejor, descubra qué es una vida que merezca la pena y avance en dicha dirección”.

En Inmunofitness nos interesa saber de qué manera podemos afrontar el paso de los años y los cambios en la vida. Y es que, llegada cierta edad, nuestro cuerpo percibe ciertos cambios, pero ¿de qué manera nos afectan a nivel psicológico? ¿Debemos marcarnos algunos propósitos para poder superarlos?

María, si algo hemos aprendido en Inmunofitness es que llegada cierta edad, en concreto, a partir de los 50 años, nuestro sistema inmune envejece y pierde facultades por lo que resulta muy importante seguir algunos patrones para fortalecerlo y activarlo. ¿Ocurre lo mismo con la salud mental?

El paso del tiempo y su efecto en nuestro organismo es una realidad: no existe tal cosa como el antienvejecimiento. No hay manera de darle al botón de stop en el cuerpo o de girar las manecillas del reloj hacia atrás. Lo que sí podemos es conservar y prevenir, y en eso, el poder de la mente, con la creación de hábitos saludables, es nuestra gran aliada.

La ciencia lo ha demostrado una y otra vez: una correcta nutrición, un frecuente y adecuado movimiento, un sueño profundo y suficiente, una red social que nos ofrezca el apropiado soporte y un control efectivo del estrés son los pilares básicos no solo de la salud física y mental, sino de algo más aterrizado aún: de la satisfacción vital y la felicidad.

Actualmente, uno se hace viejo, si alguna vez se hace, mucho más tarde.

Entre 2015 y 2050 la proporción de la población mundial mayor de 60 años se multiplicará casi por dos, pasando del 12% al 22% Cuando la mente lo puede todo y el cuerpo no le acompaña ¿qué podemos hacer?

Estamos asistiendo a un cambio histórico del modo en que hemos afrontado el envejecimiento. Hace no tanto uno era viejo al poco de pasar la barrera de los cuarenta, pero hoy estamos haciendo por empujar esa línea difusa más y más, de manera que uno se hace viejo, si alguna vez se hace, mucho más tarde.

La edad, se lo escuchamos a nuestros mayores una y otra vez, es también una cuestión mental. El avance de la ciencia, la mejora sustancial de la calidad de vida y el modo en el que nos relacionamos con nuestros propios límites, hacen que hoy entendamos que hay mucho que uno puede hacer para mejorar la forma en la que uno cumple años: llevar una vida más activa, pasar más tiempo al aire libre y socializar son solo algunas de las cosas más sencillas que podemos hacer y que mejoran nuestra salud física casi instantáneamente.

En ocasiones nos cuesta implementar los cambios. Un gran ejemplo son los archiconocidos ‘propósitos de año nuevo’ llenos de muy buenas intenciones. ¿Cómo podemos permanecer fuertes y llevarlos a cabo? ¿Qué hacer si flaqueamos?

La lista de objetivos de año nuevo está muy bien, porque nos recuerda dónde estamos y dónde querríamos encontrarnos, pero lo que diferencia a aquellos que los cumplen de aquellos que no, está en los hábitos que van desarrollando. La vida de una persona es tan buena como tan buenos sean sus hábitos, de modo que lo importante no es la expectativa, el propósito, sino el cambio en el estilo de vida, en aquello que hacemos.

La mejor manera de conseguir que el cambio se haga efectivo es hacerlo poco a poco. Tendemos a querer cambiarlo todo de un día para otro, y salvando sonadas excepciones, uno raramente consigue cambiar su vida al completo de un minuto al otro.

La vacunación es un ejemplo perfecto de cómo uno debe poner interés en su salud antes de que aparezca la enfermedad. En la salud mental ocurre igual.

Sabemos que, llegada cierta edad, debido al envejecimiento, es muy importante, a nivel médico, entrenar nuestro sistema inmune mediante la vacunación para así prevenir enfermedades. Pero, para mantener la mente sana, ¿qué consejos darías a personas que están viviendo un momento de cambio? (jubilación, nido vacío…)

La vacunación es un ejemplo perfecto de cómo uno debe poner interés en su salud3 antes de que aparezca la enfermedad. En la salud mental ocurre igual: es mucho mejor invertir en crear una vida con actividades que nos llenen de sentido, generar aficiones fuera de la familia y el trabajo, cuidar nuestras relaciones y nuestro tiempo a solas que luego darnos cuenta de que nos encontramos francamente mal y no sabemos por qué.

En ocasiones, las altas demandas de la sociedad actual hacen que seamos la última persona de nuestra lista. Si esto ha sido así durante mucho tiempo y ya comienza uno a sentirse de capa caída, aquí la buena noticia: nunca es tarde para empezar.

Comenzamos a entender la salud mental como un pilar tan importante como el físico.

¿Por qué nos resulta más sencillo hablar de una enfermedad física que de una mental?

Aunque sigue habiendo un gran tabú alrededor de este tema, lo cierto es que en los últimos diez años hemos visto en psicología un cambio espectacular. Cada vez nos cuesta menos hablar de nuestras emociones, asistir a terapia, invertir en nuestro bienestar, porque ahora comenzamos a entender la salud mental como un pilar tan importante como el físico. Aún quedan posos de aquel modelo médico céntrico en el que la salud mental ha sido asociada a
conceptos como el de locura o incapacitación, pero por suerte, esto empezamos a verlo cada vez más lejos.

La pandemia nos ha dado dos grandes aprendizajes. Por un lado, la gran importancia que tiene la investigación y el enorme papel que desarrolla el sector médico. Y, por otro lado, el despertar del interés general por todo aquello relacionado con la salud mental.

Hemos vivido una situación global de trauma colectivo, algo que nuestra generación privilegiada no había presenciado antes. Hemos sido privados de libertades individuales, hemos perdido contacto con los que queríamos, hemos sentido peligrar nuestros trabajos, hemos sufrido por la enfermedad de seres cercanos, hemos temido por nuestras propias vidas. Es importante pararse a hacer una reflexión sobre todo esto que nos ha pasado y dedicarnos el tiempo que necesitemos para digerirlo lo mejor que podamos.

¿Hay salud mental sin salud física y viceversa?

La línea que separa la salud mental de la física la establecemos los teóricos para ajustar los campos de estudio, pero en la realidad no está ahí. No hay un punto en el cuerpo en el que digamos: aquí comienza lo mental y aquí está lo físico, de ahí que existan disciplinas como la fisiología de la conducta, o la neuropsicología. Es una línea artificiosa. Una buena salud mental influye de manera determinante en la vivencia del propio cuerpo y viceversa.

Para terminar, ¿Cuáles son los cuatro aspectos que más debemos cuidar para tener una mente sana?

1. La manera en la que nos relacionamos con nuestros pensamientos: entender que no somos esos pensamientos, sino que esos pensamientos suceden dentro de nosotros, es probablemente el trabajo más profundo que podemos hacer, y se consigue fundamentalmente a través de la meditación.

2. Nuestras relaciones con los demás, que inevitablemente afectan el modo en el que nos relacionamos con nosotros mismos. Relaciones respetuosas, basadas en el cariño, la admiración mutua, el afecto positivo pueden elevar nuestra vida mientras que, las que no son de este modo, pueden producir el efecto contrario.

3. Nuestro uso de las tecnologías, que viene a ser, y cada vez más, uno de los puntos más importantes a cuidar si queremos una mente sana. Una mente sana es una mente con capacidad de foco y de alerta, y estas dos capacidades se ven fundamentalmente mermadas si no ponemos intención al tiempo que pasamos con el móvil en la mano o sentados frente al ordenador.

4. La nutrición con la que alimentamos nuestra mente: nuestra alimentación, la cantidad de ejercicio, la calidad del sueño y el control del estrés. Esta siempre tiene que ser la base. Si uno no se está encontrando bien por el motivo que sea, este es el lugar por el que empezar a construir otra vez.

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