LA ACTIVIDAD FÍSICA NOS MANTIENE SANOS

La falta de actividad física, la pérdida de masa muscular y una mala alimentación, acentúan los efectos del envejecimiento sobre el sistema inmune, hablamos de la inmunosenescencia1.

Vida Activa

Sin embargo, la actividad física y el ejercicio mejoran la salud, reducen el riesgo de padecer algunas enfermedades y ayudan a controlar el sobrepeso. Son tantos los beneficios del ejercicio físico que se asegura que “el ejercicio es medicina”, ya que influye muy positivamente en todo nuestro cuerpo2. En este aspecto, beber suficiente agua es clave para poder llevarlo a cabo, ya que se ha comprobado que un cierto nivel de deshidratación reduce la motivación y aumenta la sensación de esfuerzo, reduciendo nuestra resistencia3.

Por otro lado, las personas mayores tienden a consumir menos agua que las jóvenes4 incluso aunque tengan un cierto nivel de deshidratación y esto influye en su cansancio general y su capacidad de desarrollar actividades físicas5.

Hay que tener en cuenta que durante el ejercicio físico aumenta la pérdida de agua por el sudor y el calor, siendo necesario consumir los líquidos suficientes para recuperar el equilibrio, evitando así que la deshidratación reduzca nuestra capacidad mental y física además de nuestra calidad de vida4,6.

Lo ideal sería que el ejercicio físico no solo fuera adecuado a la edad de la persona, para proporcionar el mayor nivel de esfuerzo posible sin causar lesiones, planeando los descansos y un consumo de líquidos suficiente7, si no que también fuera una actividad placentera y satisfactoria. Existen estudios que demuestran que bailar salsa ayuda a mejorar el control de nuestro cuerpo, a la vez que es un agradable y fácil método de ejercitarnos y ganar salud8.

Según los datos emergentes, podemos concluir que el ejercicio habitual es capaz de mejorar la regulación del sistema inmune  y retrasando la aparición de disfunciones relacionadas con la edad como la inmunosenescencia7.

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