JOAN GARRIGA: «EL BUEN AMOR NOS APORTA SALUD»

Saber distinguir entre el buen amor y el mal amor. Entre lo que nos es bueno y lo que no. Nos acercamos y superamos los cincuenta y llega el momento de seguir cuidándonos o empezar a hacerlo. Y es que parece que tenemos asumido que para mantenernos fuertes, sanos y felices es importante seguir una dieta equilibrada1 sin excesos, practicar deporte y seguir un estilo de vida activo,2 pero… ¿qué papel juega en ese ‘mantenernos fuertes’ la relación con otras personas, la felicidad y la paz interior?

Hemos charlado con Joan Garriga,3 psicólogo humanista, terapeuta Gestalt y experto en Constelaciones Familiares. Es autor de varios títulos como ‘La llave de la buena vida’, ‘El buen amor en la pareja’, ‘¿Dónde están las monedas?’, ‘Vivir en el alma’ y ‘Bailando juntos’. Con él hemos compartido nuestras inquietudes para saber cuál es su punto de vista sobre el binomio felicidad-salud.

Joan Garriga

Joan, ¿disponer de un círculo de relaciones (amorosas, familiares, de amistad) favorece al bienestar de la persona?

Sí, claro. Incluso genera personas más longevas. Se tienen más ganas de vivir cuando existe un entorno rico y sostenedor. Estudios sobre longevidad excepcional en algunas islas de Japón muestran como variable significativa su riqueza social y su sentimiento de ser amparados, además del abundante y natural ejercicio físico (por ejemplo, cultivando un huerto o caminando) y de la buena y sobria alimentación.4

¿Cómo cambian las relaciones con la edad?

Necesidades diferentes, relaciones diferentes. En general mejora el sentido de acompañarse y ahondar en el discurrir alegre de los días y ante las eventuales enfermedades que la edad acerca. Y se dejan atrás las briosas pasiones, sean sexuales o emocionales. Más sabiduría de vida, con suerte.

¿La felicidad aporta salud?

Esto resulta casi una obviedad. Nada garantiza que estaremos sanos, pero me atrevería a decir que el cóctel de neurotransmisores y sustancias hormonales como la oxitocina, la serotonina o las endorfinas que subyacen al sentimiento de felicidad o gozo, propician salud.5,6

¿Podríamos decir que el “amor” es “salud”?

No todo el amor es salud, hay mal amor y buen amor. Mal amor es aquel en el que, aún amando, experimentamos contracción y tensión en el cuerpo debido a esquemas relacionales disfuncionales, que generan malestar. Buen amor es aquel en el que el cuerpo se experimenta relajado y confiado, y la relación discurre con confianza y respeto. De alguna manera sí sería cierto que el buen AMOR entendido en mayúsculas como amor absoluto a las cosas tal y como son o fueron, genera una concordancia con la realidad, que se traduce en salud en el cuerpo.

A partir de los 50 años a nivel físico ‘envejecemos’. ¿Qué elementos a nivel emocional pueden mantenernos ‘activos y jóvenes’ a partir de esa edad?

Mantener curiosidad, implicación activa con el trabajo y con muchas otras cosas si es posible, y lo que habíamos dicho: abundantes y ricas relaciones. Además, empezar a dar por buena la vida vivida y tener ganas de caminar lo que viene por delante con proyectos e intereses diversos. Ahuyentar la fatalidad, la amargura, el sentimiento de fracaso e irse reconectando con el paraíso infantil en el que prevalece el aquí y ahora.

No todo el amor es salud, hay mal amor y buen amor.

Algunos especialistas aseguran que con la llegada de la pandemia, las restricciones de horarios y el teletrabajo, han incrementado los casos de ansiedad y depresión.7¿Qué podríamos hacer para superar este momento que nos ha tocado vivir de la forma más positiva posible?

Más soledad y menos entretenimiento igual a más confrontación con uno mismo y con el infernal aislamiento. Lo cual no es sano para ningún mamífero. ¿Qué hacer? Trata de tener contactos, a pesar de los pesares, o aprovechando lo tecnológico posible y los horarios posibles. Salir a pasear. Meditar. Escribir. Sobre todo, meditar, y caer en uno mismo acogiendo lo que experimentamos en la meditación, es decir, todos los contenidos mentales, emocionales y corporales. Importante me parece hablar con gente, aunque sea por teléfono, para salir del bucle y el monólogo interior en el que oscurecemos nuestros pensamientos.

La distancia forzada por la pandemia entre seres queridos, así como la poca vida social, ¿puede habernos hecho más reticentes al contacto con el otro?

No creo. Más bien más hambrientos de volver a relacionarnos, aunque esto se parece a un animal confinado en una jaula. Si lo liberas va lento en hacerse un nuevo espacio de libertad. Más que reticentes, quizá más selectivos en invertir en relaciones que valgan la pena.

¿Puede ser que el COVID haya marcado un antes y un después por lo que al contacto humano se refiere?

No lo creo. Ya hubo otras pandemias y el sentido gregario de los seres humanos volvió a campar en toda su expresión. Sí es cierto que el no afecto, nos afecta. Hay más depresión y ansiedad.7

Más soledad y menos entretenimiento igual a más confrontación con uno mismo y con el infernal aislamiento.

¿Deberíamos incluir en nuestra rutina diaria, algunos ‘cuidados personales’ a nivel mental y emocional? ¿Cuáles?

Un poco de meditación y autoescucha, quizá más espacios, aunque sean breves, de lo que podríamos llamar “Nada”. Es decir, no hacer. Caminar, pasear, mirar el cielo, etc.

Y para terminar, de nuevo suena el despertador, amanece un nuevo día. Tareas, obligaciones, ocio… ¿Cómo priorizarnos? ¿Cómo darle valor a las necesidades de uno mismo sin llegar al egoísmo? ¿Es ‘malo’ ser egoísta?

Es fatal el egoísmo y una pérdida de vida. Servir a la vida y ser útil para los otros no significa el sacrificio de las propias necesidades, sino la expresión de la propia grandeza y realización, que debe ser sincera y espontánea. Vivir únicamente para uno mismo es una vida desperdiciada, dijo algún sabio de cuyo nombre no me acuerdo.

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